El mercado de fusiones y adquisiciones en Brasil entró en 2026 ante una paradoja. Por un lado, el país enfrenta un entorno financiero restrictivo, con tasas de interés elevadas, morosidad corporativa en niveles récord y un mercado de capitales prácticamente cerrado. Por otro, son precisamente estas dificultades las que crean un nuevo ciclo de transacciones, impulsado por reestructuraciones, consolidación sectorial y la búsqueda de capital más paciente.
Según datos de Serasa Experian, Brasil comenzó 2026 con 8,9 millones de empresas con historial crediticio negativo, acumulando más de R$ 210 mil millones en deudas corporativas, el nivel más alto jamás registrado. Esta cifra no representa únicamente un problema de crédito, sino que señala una transformación estructural en el entorno empresarial y, inevitablemente, en el propio mercado de M&A.
El trasfondo de este movimiento es conocido. La tasa de interés (Selic) se mantiene en 15% anual desde junio de 2025, el nivel más alto en casi dos décadas. El costo de capital continúa elevado, mientras el mercado accionario permanece cerrado a nuevas emisiones. Muchas empresas recurrieron a la deuda como principal fuente de financiamiento y ahora enfrentan el peso de esa decisión.
En este contexto, las fusiones y adquisiciones vuelven a desempeñar un papel clásico en la historia económica: el de mecanismo de reorganización del capital.
En los últimos años, Brasil vivió un intenso ciclo de endeudamiento corporativo. El período de tasas bajas posterior a la pandemia incentivó a las empresas a captar recursos mediante debentures, préstamos bancarios y crédito estructurado. Con el aumento de las tasas de interés, muchas estructuras de capital se han vuelto difíciles de sostener. Este fenómeno no es exclusivo de Brasil. A nivel global, los defaults en leveraged loans han aumentado, y sectores intensivos en tecnología acumulan cerca de US$ 990 mil millones en deuda.
En Brasil, la consecuencia directa es el retorno del equity como instrumento de reestructuración. Empresarios tradicionalmente reacios a diluir su participación comienzan a reconsiderar sus posiciones. Ejecutivos de grupos industriales relevantes ya muestran disposición para abrir capital o vender participaciones con el objetivo de reducir el apalancamiento.
En la práctica, esto se traduce en ventas de participaciones minoritarias, carve-outs de unidades no estratégicas, conversión de deuda en equity y adquisiciones antes o después de procesos de recuperación judicial.
A pesar del entorno macroeconómico adverso, el flujo de transacciones se mantiene activo. Entre el 4 de febrero y el 3 de marzo de 2026, se identificaron 19 operaciones relevantes en distintos sectores.
En el sector salud, Odontoprev y Bradesco Saúde anunciaron la fusión de sus operaciones, creando Bradsaúde, valorada en cerca de R$ 37 mil millones. En infraestructura digital, TIM invirtió aproximadamente R$ 950 millones para adquirir el 51% de I-Systems, consolidando su presencia en el mercado de fibra óptica.
A nivel internacional, BTG Pactual adquirió una participación en Banamex, reforzando su estrategia de expansión regional.
Otras operaciones recientes incluyen adquisiciones en el sector consumo, consolidación en el mercado de cosméticos y transacciones industriales y energéticas que involucran a Petrobras. La reciente recuperación judicial de Raízen también debería generar actividad en M&A.
El patrón de estas operaciones revela tres vectores predominantes: consolidación sectorial, integración tecnológica y reestructuración financiera.
El deterioro financiero de las empresas también genera oportunidades para inversionistas especializados. Datos de Serasa indican que el 55,2% de las empresas morosas pertenecen al sector servicios, el 32,7% al comercio y el 8,1% a la industria. La mayoría corresponde a micro y pequeñas empresas, responsables de aproximadamente 8,5 millones de los casos.
Este escenario abre espacio para estrategias de distressed investing, en las que fondos adquieren activos con descuentos significativos e implementan planes de turnaround.
En este entorno, el valor no radica únicamente en múltiplos bajos, sino en la capacidad de negociar con acreedores, reorganizar estructuras de capital y ejecutar recuperaciones operativas.
Por otro lado, el contexto global añade un nuevo nivel de incertidumbre. La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha generado volatilidad en el mercado del petróleo y ha reforzado la percepción de riesgo geopolítico. Las tensiones en Oriente Medio elevan los precios de la energía y reducen el apetito global por riesgo.
Para Brasil, los efectos se manifiestan en tres dimensiones. Primero, en el costo del capital internacional, ya que los inversionistas tienden a migrar recursos hacia activos considerados más seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense. Segundo, en el impacto sobre sectores intensivos en energía. Tercero, en la reducción del flujo de inversión extranjera directa, que tiende a volverse más cauteloso.
Si el entorno externo es complejo, el contexto doméstico añade otra capa de incertidumbre: las elecciones presidenciales de 2026.
Históricamente, los ciclos electorales en Brasil influyen en las decisiones de inversión. Los inversionistas buscan anticipar posibles cambios en áreas como política fiscal, regulación sectorial, tributación y privatizaciones.
Esta incertidumbre genera dos efectos en el mercado de M&A. El primero es la postergación de grandes transacciones estratégicas. El segundo es el aumento de operaciones oportunistas que involucran activos financieramente presionados.
Los fondos de private equity saben que los períodos de incertidumbre tienden a comprimir valoraciones y suelen representar oportunidades para quienes cuentan con capital disponible.
Estos fondos entran en 2026 en un escenario mixto. Por un lado, enfrentan portafolios presionados por mayor volatilidad en la generación de caja, aumento de morosidad y dificultades para ejecutar salidas vía IPO. Por otro, encuentran una de las mayores oportunidades de inversión de la década.
Las estrategias que combinan crédito y equity ganan relevancia, incluyendo la compra de deuda con descuento, la conversión de deuda en participación, el financiamiento DIP (debtor-in-possession) en procesos de recuperación judicial y los aportes de capital en empresas en turnaround.
Perspectivas
La evolución del M&A en Brasil depende de tres factores principales.
El primero es la trayectoria de las tasas de interés. Si la Selic inicia un ciclo sostenido de reducción, el costo de capital tenderá a disminuir y el volumen de transacciones podría acelerarse.
El segundo es la reapertura del mercado de capitales. Brasil lleva más de cuatro años sin IPOs relevantes, lo que limita las alternativas de salida para los inversionistas.
El tercero es la estabilidad institucional tras las elecciones de 2026, un factor clave para atraer inversión extranjera.
Mientras estos elementos no se definan, el mercado continuará siendo más selectivo.
Conclusión
El mercado brasileño de M&A entra en una nueva fase. Ya no se trata únicamente de expansión acelerada, como en el ciclo de IPOs entre 2020 y 2021, sino de un proceso más profundo de reorganización del capital.
Empresas endeudadas buscan nuevos socios, fondos especializados identifican activos descontados y grupos estratégicos avanzan en la consolidación de sectores maduros.
La combinación de tasas elevadas, aumento de la morosidad, tensiones geopolíticas e incertidumbre electoral configura un entorno desafiante y, precisamente por ello, fértil en oportunidades.
En la historia económica, los ciclos de fusiones y adquisiciones rara vez surgen en momentos de estabilidad. Suelen emerger en períodos de presión. 2026 podría ser, precisamente, uno de esos momentos.

